Cómo respondes a la pregunta: ¿Quién eres tú?
La mayoría de las personas se quedaron en la básica respuesta social o laboral: “Yo soy Pedro Pérez, yo soy ingeniero, yo soy la esposa de fulanito, yo soy el dueño de esa tienda de ropa, yo soy el jefe de cartera”. Así nos vamos identificando con el “Hacer” o el “Tener” sin poder definir quiénes somos, cuál es nuestro propósito, nuestra visión de futuro y qué es en esencia lo que da sentido a nuestras vidas.
En esta corta reflexión, te invito a llegar a una respuesta profunda a la pregunta que te he planteado al inicio, ¿Quién eres tú?
En primer lugar, reflexiona un poco sobre tu concepto de Ser Superior, cualquiera que sea el nombre que le des: Dios, Alá, Jehová, Jesús. Muy seguramente si estás en esta página, tienes la férrea convicción de que existe una fuerza superior, un universo de amor, una energía poderosa y creadora de todo cuanto existe, un Padre Celestial, como quieras llamarlo. Tómate unos minutos para definir ¿Qué es para ti esa fuente divina?, ¿Cómo la defines? Escribe esa definición. Algo así como: Para mí, Dios es ….
Después de haber escrito tu definición de Ser Superior, piensa cuál es la relación que tiene esa fuente con tu existencia. ¿Será que tu vida viene de Él o Ella? ¿Será que esa poderosa energía de amor es el origen tuyo? ¿Tu creador?
Estaremos de acuerdo si tu respuesta es: ¡SI!
Venimos de ese Padre, creador de todas las cosas esenciales. Lo que Él ha creado es eterno. Nuestros cuerpos fueron hechos por los genes de papá y mamá, por lo tanto, no son eternos; pero la vida que habita en ellos, si lo es. Las cosas creadas por los hombres son finitas, las que ha creado el poder celestial, no mueren nunca. Si buscáramos solo una palabra para definir ese poder, tal vez la gran mayoría diríamos: AMOR.
El amor todo lo puede, todo lo construye, todo lo restablece. El amor es humilde y generoso. El amor perdona y no carga con juicios, ni victimizaciones. El amor es presente. El amor es poderoso y edificante. El amor da sin medida y se entrega sin medida. El amor es limpio y transparente y reúne todo lo puro.
Continuemos con el siguiente cuestionamiento: Si esa energía llamada AMOR, nos creó, ¿Cómo nos creó? ¿Distintos? ¿Imperfectos? ¿Algo tan perfecto podría crear algo defectuoso, malo o errado?
Estaremos de acuerdo si tu respuesta es: ¡No!
Definitivamente algo tan indescriptiblemente perfecto, sólo podría originar creaciones perfectas. Esto nos centra en asumir que Dios nos creó a su imagen y semejanza. Estamos hechos de su misma esencia. Así como el sol es grande, poderoso y está mucho más alto que nosotros, los rayos se desprenden de esa gigante bola de fuego y vienen a la tierra, pero están hechos del mismo sol.
Pasemos ahora a la reflexión obligada. Si amas a la Fuerza Celestial, a tu Padre, y tú estás hecho a imagen y semejanza, ¿Cómo no amarte de la misma manera?
Somos amor, somos luz, somos bondad, somos todo lo puro y poderoso de la esencia de Dios en nosotros, su obra.
Esa esencia, ha encarnado en un cuerpo pasajero, que tiene una historia y unas experiencias. Durante nuestra vida, hemos escuchado opiniones diversas sobre nosotros. Nos han querido inculcar que valemos si tenemos títulos, que somos poderosos según el dinero, las medidas del cuerpo o los apellidos. También seguramente algunas vivencias del pasado nos han hecho dudar de nuestra valía y cientos de creencias impuestas, han puesto en tela de juicio que somos merecedores de lo mejor. Nos han presentado estereotipos de lo que es la belleza y nos han querido meter en moldes pre-construidos que pretenden determinar el ideal de hombre y de mujer que debemos ser.
Es momento de recordar de dónde venimos y de qué está hecha nuestra esencia.
Es tiempo de amar a Dios en una de sus principales obras: TÚ.
Es justo y necesario tomar conciencia de que somos completos, que la felicidad reside en nuestro interior, que somos imagen y semejanza de la perfección y que cualquiera que sea nuestra historia, nada habrá de modificar esa manifestación pura de amor, luz y bondad que encarnamos.
Te repito, ¿Cómo no amarte? Si eres creación a imagen y semejanza del mismo Dios.





