Es posible que tú no seas una persona agresiva, es decir, que la forma en que te relacionas, hablas y te desenvuelves, no incluya permanentemente gritos, malas caras, frases hirientes o miradas aniquiladoras. Sin embargo, puede que haya momentos en tu vida, en que la ira se desencadena dándote la sensación de no poder controlarte.
En ese momento nuestro cuerpo reacciona ante la emoción haciendo que la sangre fluya hacia la cara. Por eso es común que digan “Estaba roja de la ira”. La sangre también se concentra en las manos, disponiéndose a manotear, golpear o atacar. Se desata un caudal de adrenalina y cortisol, que nublan la mente racional y llevan a actuar desde los impulsos. El ritmo cardíaco se acelera y en ese momento es posible que digas o hagas cosas que después, cuando pasa la rabia, hubieras querido no haber dicho o no haber hecho nunca.
La pregunta que sobresale es: ¿Puedo hacer algo para evitar estos ataques de ira? La respuesta es SI. Lo que necesitas para lograrlo, es DECIDIRLO. Es pasar de la intención de hacerlo a la acción. En primera instancia, necesitas transformar los paradigmas que te mantienen en esa dinámica, tales como: “Yo, simplemente soy así y no puedo hacer nada al respecto”, “No logro controlarme”, “Por más que lo intento, siempre la ira termina dominándome”. Si mantienes estas creencias, estas condenado a mantener también esa conducta. Por ello, deja de hacer esas afirmaciones, desmiéntelas, quítales todo el poder. Di mejor “Yo soy en esencia amor y me relaciono desde el amor”, “Soy dueño de mis emociones, puedo controlarlas” “Elijo conectarme con mi paz interior”. “Elijo estar en perfecto equilibrio”
Mantente alerta durante los episodios de ira, identificando cuál es el detonante de esa emoción?; con quiénes generalmente se presentan los altercados?; qué aspectos o acciones de esas personas desencadenan la rabia?; qué pasa en tu cuerpo?, cómo actúas? Vuélvete un detective de ti mismo y descubre a fondo todas las dinámicas que se suscitan cuando te enfadas, con el fin de predecirlas y evitarlas. Ten en cuenta que “Nunca estás enojado por la razón que crees”, por ello es importante que reconozcas la raíz verdadera del enojo, te sorprenderás descubriendo que la ira ni siquiera es con el otro, sino con un aspecto que la otra persona te está reflejando acerca de ti mismo.
Tú puedes lograr callar los pensamientos obsesivos que rondan en tu cabeza y te predisponen a reaccionar lastimando a los demás, a su vez que terminas lastimándote a ti mismo. Para ello puedes observar la misma situación desde un marco más positivo. También puedes buscar resolver malentendidos aclarando a tiempo, las situaciones que te causan molestia, sin esperar a que hayas acumulado una serie de recriminaciones que terminarán haciéndote estallar de mala manera. Otra forma es acoplar el paradigma “Todo lo que sucede en mi vida es para mi bien”, lo que significa confiar en que todo lo que te pasa de alguna manera es perfecto para ti, porque te aporta recursos importantes para tu crecimiento y tu bienestar integral, aunque en ese momento las percibas injustas y complejas. Cuando confías, logras ver las bendiciones o aprendizajes ocultos, detrás de la crisis.
Evita hablar cuando estés enfadado, es preferible que te retires y realices otras actividades mientras las emociones se equilibran y puedas retomar la conversación desde la calma y la serenidad. Utiliza el mecanismo para volver a tu centro, por ejemplo, puedes probar: Respirar profundamente; hacer ejercicio; pasar un rato agradable como ir al cine, comer un helado; conversar con alguien neutral (es decir que no te juzgue ni tampoco tome partido) que te escuche y tú puedas descargarte, colocándole palabras a lo que siente; También puedes escribir y quemar el papel.
No desfallezcas con cualquier cosa que decidas hacer, recuerda que la forma de ganarle a la ira es decidirlo y perseverar en esa decisión. Tú eres más grande que cualquier emoción inadecuada, conéctate con tu verdadera esencia de amor, paz interior y felicidad.






One comment
Liliana
Super. Lo tendré en cuenta. Gracias