Cómo superar una infidelidad y hacer que triunfe el amor

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Una infidelidad es un hecho complejo en el que se mezclan emociones, miedos, vergüenzas, culpas, tristezas, dolores y rabias. Sin embargo, tras un adecuado proceso de sanación, estos sucesos siempre significarán crecimiento, respuestas, y una especie de despertar a situaciones que, por adormecimiento, “sueño profundo”, comodidad o evasión, no se habían enfrentado antes. Todo esto, elaborado adecuadamente, siempre traerá luz al final del camino oscuro, y con ella, decisiones inteligentes que signifiquen, o una relación más sólida y plena que construya felicidad o un adiós en paz que libere, para construir felicidad. Como ven, lo que no cambia en el final de la historia es: FELICIDAD.

Este artículo no solamente está destinado a la persona “engañada” sino a quien vivió o está viviendo una relación alterna. A ambos les digo que antes de siquiera pensar en cuál será la decisión a tomar o la promesa a realizar, es absolutamente fundamental elaborar un proceso terapéutico que permita llegar a la claridad y a la calma suficientes.

PRIMER PASO: ACEPTAR LA REALIDAD: Un ser humano siempre tiene derecho a conocer la realidad. Y esto no significa sumergirse en el desgaste de detalles morbosos de manera masoquista o cínica. Se trata de “pararse” en la realidad de lo que está sucediendo de fondo. ¿Qué sentido tiene aparentar? Es importante desechar los viejos refranes de: “Ojos que no ven corazón que no siente” o “Hay que hacer las cosas, pero bien hechas”. O el típico consejo de “Pase lo que pase, niéguelo hasta la tumba”. El refrán que más bien sí parece cierto es: “Entre cielo y tierra no queda nada oculto” o “Es imposible tapar el sol con un dedo”, inclusive, más allá de dichos populares, hay una ley universal que dijo el Maestro: “Sólo la verdad, nos hace libres”

He conocido personas que perciben claramente que algo no anda bien en su relación, que son evidentes los cambios significativos en su pareja quien en lugar de asumir con valentía que es necesario parar y revisar las cosas, se sigue queriendo especializar en mentir y traicionar “profesionalmente”. En muchas ocasiones quien olfatea la infidelidad cae en autoengaño, pretendiendo ponerse vendas sobre los ojos por temor a descubrir lo que está pasando. Pero hoy la tecnología con sus redes sociales, aplicaciones de rastreo, clonación de sim cards, escaneo de whatsapp y demás avances al alcance de cualquier persona con el más económico plan de datos o acceso a cualquier wifi, no es muy benévola con los infieles que ahora caen de su falsa estantería con gran facilidad.

Además, quien está “saltando” de una persona a otra entre sinnúmero de historias irreales, coartadas de película y complicidades de supuestos amigos, también vive un verdadero infierno, aunque una gruesa capa de cinismo no lo haga estar consciente de ello. No es lo que nadie merece. Hay que asumir la realidad esencial, sin necesidad de largas narraciones o de titubeos, basta con decir: “Estoy confundid@ en mis sentimientos, me siento atraíd@ por alguien más. No importan los detalles, lo que importa es que estoy siendo honest@ y que necesitamos revisar nuestra relación”.

La realidad podrá ser dolorosa, pero es el primer paso para salir del fango y caminar hacia la luz.

SEGUNDO PASO: ASUMIR EL DOLOR: Dolor y sufrimiento son temas muy distintos.El dolor es inevitable. El sufrimiento, que es quedarse anclado en el dolor, es una elección.  No se debe pretender ser extraterrestre o inhumanamente elevado espiritualmente como para no sentir. Hay quienes congelan su dolor bajo premisas extremas que brindan una paz falsa, basada en pasar por encima de las emociones, ignorándolas y dejándolas en un archivo frío y olvidado.

Es importante permitirse sentir. Está bien tener rabia, está bien tener dolor, está bien llorar, está bien sentirse desolado. Todo esto pasará, pero no lo ignores ni lo invalides, mientras pasa, porque para hacerlo, necesitarás congelarte tú, lo que afectará todas las áreas de tu vida, incluso al punto de que ese dolor almacenado, tome forma de síntomas o enfermedades.

Es importante reconocer lo que se siente. Una infidelidad, genera, si eres quien la comete; culpa, confusión, vergüenza, dolor y rabia contigo mismo. Si la estás recibiendo, tendrás tristeza, cuestionarás tu valía y tu autoestima, tendrás mucho enojo con varias personas y experimentarás la angustia de no saber qué hacer porque en cualquier escenario te sentirás incómodo y perdido. No tengas miedo de experimentar eso, asúmelo, para poder resolverlo.

TERCER PASO: DESAHOGAR EL DOLOR TERAPÉUTICAMENTE

Una vez asumes y respetas tu dolor, debes centrarte en desahogarlo de manera adecuada. Existen varios riesgos para este desahogo. Uno de ellos es realizarlo haciéndote daño. Esas maneras de vivir el dolor, con drogas, excesos de licor, sexo sin amor, depresiones profundas, descuidos como, no comer, no cuidarte, no arreglarte o cualquier otra forma de agredirte, solo traerán más dolor y te acercarán al terrible desprecio por ti mismo. Otro gran riesgo es rebajarte hasta el punto de rogar y mendigar amor, lo que después te hará sentir de un tamaño diminuto. No tienes que implorar nada. No enfrentes la infidelidad como un concurso o como una competencia en la que pretendes convencer a tu pareja de que tú eres la mejor opción. No te compares, ni siquiera porque tengas la certeza de que en la comparación ganarás. Entiende que compararte ya es una forma de humillación, aunque tengas la ventaja.  

La otra amenaza de la que debes cuidarte es de desahogarte haciendo daño a otros. Hay personas que pierden los estribos, asumiendo venganzas o guerras justicieras de las que después se arrepienten porque están basadas en odios viscerales que hacen daño a los demás para después revertirse, con mayor fuerza. Algunas personas pueden terminar en una cárcel por un acto de odio, o quizá sentirse avergonzados o culpables por haber llegado a extremos violentos sin sentido. Es definitivamente crucial elegir la manera de desahogar el dolor, de la manera más terapéutica y sanadora posible y a través de la metodología que realmente signifique paz y libertad. Algunas formas que funcionan para ello son:

  • Hablar con las personas adecuadas
  • Llorar en espacios a salvo
  • Escribir y quemar los escritos
  • Hacer ejercicio físico

CUARTO PASO: PERDONAR

El perdón es un regalo maravilloso para quien perdona. Es algo que todos merecemos: Soltar esas pesadas maletas llenas de rabia, miedo y nostalgia.

Para lograrlo debemos separar la conducta de la persona. Esa persona que nos lastimó es mucho más que lo que hizo y podemos verlo como un maestro disfrazado de verdugo. Perdonar es volver a vivir, es liberarse del terrible peso del pasado y regresar al presente con los brazos abiertos a lo mejor que el universo tiene para nosotros. Cuando no se ha logrado el perdón vivimos anclados al ayer, pensando que lo que pasó se volverá a repetir y nos perdemos del momento presente que es lo único real que existe. Algunos que viven un aparente perdón dicen que “se perdona, pero no se olvida”. Otros afirman: “Que lo perdone Dios, yo no, porque solo Dios tiene la facultad de perdonar” ¡No es así! Prefiero creer que somos sinceros cuando decimos: “Perdona nuestras ofensas, así como nosotros perdonamos a los que nos ofenden”.

La culpa y el rencor son las dos caras de la rabia y siempre serán pésimos consejeros. En una situación de infidelidad, el rencor dice cosas como: “No perdone” “Acabe con todo” “Busque venganza” “Haga daño, hiera hasta la más profundo porque así le hirieron a usted”

La culpa tiene mandatos como: “¿Cómo pude haber hecho eso?, ahora debo resarcirlo y no importa cuán feliz sea o no, tengo que calmar la tristeza de quien he herido, así sea luchando por mantener una relación en la que ya no vibro”. “Soy lo peor, no merezco nada bueno”


Perdona. Perdónate. Jesús nos enseñó los pasos del perdón cuando iban a apedrear a una mujer adúltera y el se enfrentó a la comunidad diciéndoles: “Quien esté libre de pecado, que tire la primera piedra.” Luego levantó a la mujer avergonzada y le dijo, “perdónate, ve y no sigas en el mismo error para que pares de sufrir.” Es exactamente lo que entiendo con eso de “Ahora ve y no peques más.”

QUINTO PASO: CONFRONTARSE Y CONFRONTAR LA RELACIÓN:

Cuando se está en el emocionalismo, la persona fluctúa de víctima a victimaria, sin lograr ver más allá de la ruin traición. Sin embargo, cuando se cierra de manera acertada las fases del desahogo y del perdón, ya se podrá mirar la situación objetivamente y con apertura a la confrontación y al aprendizaje. Será entonces momento de cuestionarse de manera sana y también de cuestionar la relación para descubrir de dónde vino la infidelidad, que siempre es una consecuencia de algo más profundo, no una causa. Precisamente debemos detectar la causa dentro de la amplia gama de posibilidades:

  1. ¿Una relación de pareja con vacíos, rutina aburrida y falta de plenitud?
  2. ¿Estructura de personalidad con tendencia a la infidelidad?
  3. ¿Patrones generacionales o culturales de engaño o permisividad?
  4. ¿Desamor?
  5. ¿Consecuencias de falta de cimientos en principios y valores éticos?
  6. ¿Derivados de alguna adicción al licor, drogas, etc.?
  7. ¿Otras?

Todas las causas tienen solución. Si no encontramos el origen real de la crisis, nos quedaremos en la superficie, tomando decisiones inmediatistas que finalmente no resolverán nada. Es como tener dolor de cabeza sin conocer dónde y en qué se origina y en lugar de averiguar dicho origen, tomar una y otra vez analgésicos. Lograrías calmar el dolor unas horas, pero…volverá. Si no resolvemos el tema de raíz, el síntoma regresa y seguramente con más fuerza porque la causa va empeorando si no es combatida.

Esta etapa de confrontación permitirá que cada uno de los integrantes de la relación, se revise, tome consciencia de sus errores y necesidades no satisfechas, para que puedan juntos determinar las causas reales que les darán luz para implementar las acciones correctas. Así entenderán que la infidelidad ha sido una especie de alarma o despertador que les ha permitido ver lo que antes no contemplaban.

SEXTO: ASUMIR EL APRENDIZAJE:

En esta etapa podrás definir claramente la enseñanza que lo sucedido te ha brindado y entenderás que todo pasó con un propósito de observar, reconocer, crecer y avanzar.

A este momento del proceso se habrán silenciado las preguntas empezadas en ¿Por qué? ¿Por qué a mí?, ¿Por qué esto?, ¿Por qué ahora? ¿Por qué lo hizo? ¿Por qué lo hice? Habrá quedado claro que ninguna respuesta a esos por qué habrá sido satisfactoria y ya no habrá esa borrasca emocional que se siente alrededor del pecho o alrededor del estómago. Todo estará en calma y desde esa neutralidad podrán llegar respuestas a las sabias preguntas empezadas en ¿Para qué? ¿Pará que sucedió esto? ¿Para qué lo estoy viviendo? ¿Para qué el dolor que vivimos? ¿Para qué La crisis?

Todas las respuestas a esos para qué serán absolutamente valiosas y las personas sentirán que se han quitado vendas de los ojos para despertar a una realidad que era necesario asumir.

SÉPTIMO: TOMAR DECISIONES:

Llegada la última fase, habrá que tomar decisiones y deben ser basadas en el amor que será el gran triunfador. No el apego a otra persona creyendo que el amor es algo tormentoso y que la otra persona es indispensable para respirar. El que estará victorioso en primer lugar será el amor por sí mismo y desde allí, desde ese romance profundo contigo, podrán entonces con absoluta certeza responder la primera pregunta fundamental: ¿Existe amor de pareja sí o no? El amor de pareja se compone de tres elementos: Deseo, admiración y valoración, es decir amor físico, amor mental y amor espiritual. Hay quienes conviven como un par de hermanos cimentados solo en ese amor de dos espíritus agradecidos y conectados fraternalmente. Otros sienten admirarse y necesitarse para continuar una construcción económica importante y algunos solo están unidos por lo visceral del deseo, sin valores y sin admiración. La relación de pareja requiere los tres tipos de amor y de no ser así, a esta altura ya estarás amándote tanto a ti mismo que no estarás dispuesto a resignarte con un vínculo a medias, porque habrás renunciado totalmente a hacerle culto a la mediocre frase: No seré feliz, pero tengo hogar.

A este punto, solo podrán tomar uno de dos caminos:

  • Construir una relación plena y feliz que se levantó de las cenizas triunfante, o
  • Darse en medio de gratitud y paz un buen adiós que les permita ir a un puerto seguro donde puedan renacer y abrir los brazos a todo lo mejor que el universo tendrá para bendecirles.

En cualquiera de los dos finales, te sentirás coherente, experimentarás pasión por la vida y estarás absolutamente consciente de que la felicidad reside dentro de ti.

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