Somos seres integrales y nuestro interior es un océano profundo donde todo se conecta. El cuerpo habla lo que la voz se calla. Cuando aparezca un síntoma, recibe el mensaje que tu cuerpo quiere darte y no te apresures a callarlo. Por ejemplo, si hay dolor, no te mediques analgésicos sin preguntarte cuál es la causa y el pedido inmerso en la dolencia. Cada vez más, la ciencia médica reconoce la conexión entre enfermedad, emociones y pensamientos; y aunque tu médico no lo viera así, respeta y recibe los beneficios de los galenos y su importante ciencia, pero también escucha más allá, observa más allá, navega en ese océano profundo para encontrar respuestas sabias.

¿Qué emoción te despierta esta imagen?
Si tú eres amante de los perros seguramente experimentas ternura acompañada de alegría o sensación de protección. Esto hará que respires tranquilo hasta un dulce suspiro. Pero si no te simpatizan, la emoción será de desagrado o temor, lo que generará en tu cuerpo temblor, sudoración, palpitación agitada, tensión muscular y cualquier otro síntoma asociado a estrés.
Esto significa que cada situación o experiencia nos despierta una emoción y esa emoción genera respuestas en nuestro cuerpo.
Ahora bien esa emoción no viene por asar. Es producto de un sistema de creencias arraigado en la mente. En el enternecido amante de los perros la creencia es algo así como: “El perro es el mejor amigo del hombre”. En la persona asustada el paradigma podría ser: “Los perros son peligrosos”
Lo anterior quiere decir que: Cada situación despierta una emoción que a su vez viene de una creencia y evidentemente esa creencia viene de un suceso de nuestro pasado. En quien ama los perros, es claro que en sus experiencias de vida, ha tenido mascotas adorables y quien les teme muy seguramente fue atacado por uno o le consta que alguien cercano lo fue.
Es importante entonces reconocer que nuestro cuerpo, mucho más allá de síntomas o molestias nos está mostrando emociones que necesitan gestionarse adecuadamente, sucesos que debemos sanar y paradigmas que deben ser transformados. Cuando acumulamos una serie de cargas emocionales inadecuadas se dispara el nivel de estrés que a su vez puede desembocar en malestares del sistema gastrointestinal, transtornos del sueño, irritabilidad, tristeza, ansiedad, fatiga, olvidos, dolores o enfermedad.


Aunque cada síntoma o dolencia debe ser explorado de manera profunda en el contexto general de quien lo experimenta, existen unas generalidades sobre el mensaje que el cuerpo transmite en algunas áreas:
A continuación te presentamos, las que consideramos, 8 causas principales de enfermedad:
1. EL DESAMOR: Cuando no nos amamos lo suficiente. Cuando no estamos conectados con la esencia de amor que somos, entonces no nos valoramos, no nos cuidamos e inconsciente o conscientemente, nos agredimos.
2. CULPA Y RENCOR: La culpa y el rencor son las dos caras de la rabia. La culpa es enojo con nostros mismos por algo que hicimos o no hicimos; por algo que estamos haciendo o no estamos haciendo. Y el rencor es contra otra persona que no cumplió o no está cumpliendo nuestras expectativas. Este rencor aunque se siente por otro, es veneno que se digiere en nuestro interior.
3. LA ACTITUD DE VICTIMA: Creer que somos criaturas carentes de poder a las que la vida simplemente les sucede. Esta actitud genera la queja constante por todas las situaciones que nos suceden y el sentir que el mundo está en contra nuestra.
4. EL JUICIO Y EL CONTROL: Pretender vivir la vida de los demás y vivir en permanente juicio criticando a nuestro prójimo.
5. CORRER Y MANTENERSE EN LA SUPERFICIE: Pasarse en el “hacer” y no tocar el “ser”. No hacer conexión y contacto diario con nuestra fuente divina, con la sabiduría interior donde residen todas las respuestas.
6. LA MENTE PARADA EN EL MIEDO: O estamos en el miedo, o estamos en el amor. Cuando habitamos en el temor, necesariamente nos encontramos en el pasado, pensando que algo doloroso va a volver a suceder en el futuro. Nos saltamos el presente. No vivimos el “aquí y el ahora” que es la única estación real.
7. EL PESIMISMO: La invasión de pensamientos negativos en nuestra mente. Vivir esperando lo peor, recordando lo peor, desconfiando de todo y de todos. Es vivir separados de la fe.
8. LA AMARGURA: No disfrutar la vida, perder la risa, separarse del carisma, aislarse, renunciar a la capacidad de asombro con las maravillas y bendiciones que recibimos.
Y así como te hemos planteado esas fuentes de enfermedad, de igual manera te presentamos
Las 8 MEDICINAS MILAGROSAS:
1. EL AMOR: Amarte, cuidarte, valorarte, consentirte y estar en conexión con la fuente de amor interior.
2. EL PERDÓN: Perdonar hasta 70 veces 7. El perdón no cambia lo que pasó pero si transforma mágicamente el presente y atrae un buen futuro.
3. LA GRATITUD: No puedes estar agradecido y amargado a la vez.
4. LA ACEPTACIÓN: Las situaciones y las personas son como son, no como nosotros creemos que deberían suceder o ser. “Es como es”
5. LA MEDITACIÓN: Tiempo diario en quietud y silencio para entrar en contacto contigo mismo y con el universo divino de amor que reside en ti.
6. LAS AFIRMACIONES O DECRETOS: Son pensamientos positivos que se eligen conscientemente y a través de repeticiones son introducidos en la consciencia para producir los resultados deseados.
7. VISUALIZACIÓN CREATIVA: Crea tus sueños en tu mente, visualízalos allí, vívelos. , Créetelo. Creer es Crear.
8. LA ALEGRÍA: Cuando reimos, liberamos endorfinas y dopamina y bajamos los niveles de cortisol que hacen parte del estrés.





