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Los padres y madres queremos siempre que nuestros hijos sean inmensamente felices, que cumplan sus sueños y sean exitosos. Pero a veces nos pasa que los juzgamos duramente: “Es muy cansón, no se queda quieto”, “Es muy tímido, no habla fuerte”, “Es desobediente” “Nunca hace caso”, “Todo lo daña”, “No es amoroso” “Es egoísta, no le gusta compartir”. Muchas veces queremos cambiarlos, arreglar aquello que no nos gusta de ellos, y hacerlo  a punta de regaños, reproches y largos discursos sobre valores, educación y la forma correcta de comportarse.

Pero el secreto para lograrlo es mucho más simple: SÉ UN BUEN EJEMPLO. Nuestros hijos se verán de la misma manera como se ve nuestro reflejo en el espejo. Si ves tu reflejo despeinado, es inútil que quieras peinar el espejo, no tendría sentido, sería completamente en vano. Lo que resulta realmente efectivo es que en vez de criticar ese espejo, pelear con él, tratar de acomodarlo, o hasta cambiarlo por otro, te peines como quieres verte. Es decir si quieres que tus hijos adopten una serie de conductas y comportamientos positivos, tú tendrás que adoptarlos primero y ser un buen punto de referencia, para ellos.

Si deseas que los frutos de tu sangre se comuniquen con amor y respeto, empieza por hablarles de esa forma. Muchos padres pretenden, a los gritos, pedir a sus hijos que no griten. Así no funciona. Ellos podrán silenciarse inmediatamente cuando los maltrates verbalmente, quedando callados, perplejos, llenos de miedo y resentimiento, y con el tiempo, también te gritarán. Además lo harán con sus hermanos, primos o amigos, y más adelante, con su pareja.  Puedes usar los golpes y seguramente el niño por temor al castigo, te hará caso, pero, muy seguramente no tardará en reaccionar igual, golpeándote a ti o golpeando a los demás. Si no responde de la misma manera, lo hará dejando de comer o no rindiendo en sus estudios.

Si quieres que tus hijos digan: por favor, gracias, te amo, perdón, empieza siendo tú el que dé ese ejemplo. A veces abrimos los ojos y decimos “¿Qué te haga el favor de qué?” o gritamos “¿Cómo se dice?”, pero nosotros hemos olvidado decir “por favor”, cuando les pedimos que hagan algo, diciéndoles por ejemplo “¡vaya tráigame rápido el celular! corriendo niño que es para hoy”.

Tal vez no pedimos perdón aún sabiendo que nos hemos sobrepasado o equivocado, porque tenemos la falsa creencia que vamos a perder autoridad o poder. Aprende a mostrarles con humildad, que sabes reconocer tus equivocaciones, disculparte y corregir.

A veces no les expresamos lo mucho que los amamos o no les agradecemos cuando hacen algo por nosotros. Recuerda que ellos aprenden imitando y rápidamente van a hablar de la misma manera que tú, inclusive con los mismos tonos de voz y las mismas expresiones. No se te haga raro que te digan: “tú eres mi vida, mi amor”, “eres todo para mí”, “eres mi ángel”; si te han escuchado a ti decírselos muchas veces. Igual no es raro que tu hijo empiece a decir palabras groseras, si las escucha de ti todo el tiempo. Por eso es fundamental que seas muy consciente de la forma cómo te expresas, cómo te relacionas y a veces reaccionas, porque tus hijos estarán muy atentos, observándote, escuchándote, aún cuando menos lo imaginas.

Pregúntate qué te ve haciendo tu hijo, cuando encuentras algo que no es tuyo, quizás un celular de ultima gamma. ¿Cómo reaccionas? ¿Qué te ve hacer? ¿Qué te escucha decir? Puesto que si no intentas devolverlo y te quedas con el, diciendo  “el que se lo encuentra se lo queda”, no te extrañes si luego te llegan quejas de tu hijo, porque está quedándose con cosas ajenas.

Nuestros hijos no harán lo que les digas, ellos harán lo que te ven hacer. Así como adoptamos gestos, acentos por poblaciones y costumbres; así mismo sucede con los comportamientos que nos llevarán a la felicidad o al fracaso.

Siendo importante que seas cada vez más consciente de lo que les dices sobre el país, el dinero, el trabajo, la pareja, el éxito, entre otras, es trascendental lo que les expresas sobre ellos mismos, esos “tú eres”. Porque definitivamente terminarán creyéndose lo que la persona que más aman en el mundo les dice una y otra vez.

Diferencia los calificativos de los hechos, no les digas “usted es un desorganizado”, diles mejor “amor, mira tu cuarto esta desordenado y tú eres un niño ordenado”. No les digas “tú eres un mentiroso”, dile mejor, “Hey, eso que dices es una mentira y tú eres un niño honesto”. No les digas “tú eres un grosero” después de verlo golpear a alguien, di mejor “amor discúlpate con tu amigo, porque tú eres un niño amable y noble”. No les pongas rótulos negativos, simplemente explícales cuando algo está mal, describiendo el hecho y afirmando en ellos siempre aspectos positivos.

Si sientes que ellos no son lo suficientemente cariñosos, expresivos y tiernos, no los critiques afirmando con contundencia “lo fríos” “secos” “toscos” “desinteresados” que son, perpetuando esos comportamientos y convenciéndolos cada día más de ello; exprésales lo que te gustaría, pídelo: “amor, me regalas un abrazo” diles “amo tus abrazos, son los mejores”, “que bien se sienten tus besos”  “me encanta que me digas que me amas”. Pide lo que quieres, en vez de esperar algo que no llega y sentir recelo y dolor, que crecerá con el tiempo. Entrégales  amor, abrazo, caricia y beso, reafirmando en ellos la amorosidad con consciencia de que la mejor forma de pedir es dar.

Cuando llegues a casa cansado, intenta no explotar por cualquier cosa, renegando y regañándolos por cualquier situación. Cálmate, toma consciencia que no estás enojado con tus hijos, sino que a veces es parte del estrés del trabajo y los problemas de afuera, con los que terminas contagiando a todos en la casa de tu mal humor. Es importante que describas tu necesidad, a veces creemos que los niños no entienden, pero tampoco te das a la tarea de explicarles. Puedes expresarles que has tenido un día difícil y que necesitas descansar, pedirles ayuda o apoyo emocional, que te hagan un masaje o que te traigan agua; verás que se tornan comprensivos, ofreciéndote lo que necesitas.

Haz un ejercicio altamente espiritual y deja por fuera del hogar todas las tensiones, angustias y ansiedades para que al entrar a casa, disfrutes tu familia, contagiándote de la esencia divina que tienen tus hijos, pasando tiempo de calidad, que para nada se consigue estando en el mismo sitio ocupado, aislado en las redes sociales o en el trabajo que llevas a casa. Es realmente disfrutar de actividades juntos, donde reinen las carcajadas, los abrazos, la ternura, las palabras bellas. Sentirás cómo te recargas de amor y paz, para enfrentar afuera lo que sea, de una forma más constructiva y eficiente.

El ejemplo no es la mejor forma de educar, es la única, de ahí la frase de  “Hijo de tigre, sale pintado”

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