La oratoria es el arte de transmitir conocimientos, pensamientos o sentimientos de manera que sean bien recibidos, aceptados o apropiados. Entendiéndolo de esta manera, es claro que todos necesitamos dominar este arte, para nuestro trabajo, para las relaciones interpersonales, para impactar nuestro círculo social, para exponer en el colegio o en la universidad, para capacitar a un equipo humano, para dar unas palabras de bienvenida o agradecimiento, para hacer un brindis en una fiesta o para lograr el negocio del año, y dejemos hasta ahí, para no quedarnos en una interminable lista de razones por las que te quiero motivar a desafiar el arte de hablar en público.
Quiero entonces transmitirte las siguientes reglas de oro para que le ganes al pánico escénico que todos sentimos pero que a algunos los deja paralizados por no asumir el riesgo. Este no será tu caso, porque si ya estás leyendo este artículo es porque estás decidido a dominar el maravilloso ejercicio de la elocuencia.
- Sé más grande que el temor: Hasta los más experimentados sienten nerviosismo antes de iniciar un discurso. No se trata de no sentirlo, se trata de dominarlo y hacerlo, a pesar de…
La única manera de vencer el miedo a hablar en público es hablando en público.
Asume el riesgo. Los mayores influenciadores en el mundo no son los que más saben cosas, sino los que mejor manejan la comunicación. Recuerda que el lugar donde viven tus miedos es en tu mente. Ve a ese lugar y cambia las cosas que te dices, y deja de repetirte las que algunas personas te dijeron alguna vez, limitándote y llenándote de inseguridades. Cuando alguien cree que no puede hacer algo, anda diciéndole a los demás que tampoco podrán. Elige lo que piensas de ti, reafirma en tu mente paradigmas que te den poder. Comienza a decirte: Yo puedo hacerlo, yo quiero hacerlo, yo voy a hacerlo, yo lo hago.
- Actitud positiva: Tu actitud es clave para desarrollar simpatía con el auditorio.
Debes encontrar el punto perfecto entre seguridad y humildad. No entres proyectando arrogancia con interminables hojas de vida o seriedad extrema, pero tampoco te muestres titubeante, dando muestras de nerviosismo o de no estar suficientemente capacitado para el tema.
- Conéctate con el auditorio: Los atriles o tarimas altas, necesarias en algunos espacios protocolarios, generan distancia y frialdad. Acércate a las personas, siéntelas, míralas fijamente para enganchar su atención, involúcralas con ejemplos, motívalas a participar. Siempre digo que el auditorio es un ser vivo, no una masa inerte que sólo necesita recibir tus palabras. Establece una relación con los asistentes y hazlos partícipes.
- Inicia contundentemente: Esos primeros minutos son determinantes para generar credibilidad e interés. Para empezar un discurso se recomienda: Despertar la curiosidad (Ejemplo: Voy a empezar contándoles algo de lo que nunca he hablado públicamente) Relatar un cuento, narración de interés o parábola (Elígelo bien para cautivar la atención) Hacer un ejemplo o analogía determinante (Ejemplo: ¿Saben ustedes como adiestran a los elefantes?) Comenzar con una cita famosa (Ejemplo: Dijo Albert Einstein: Locura es pretender obtener resultados diferentes, haciendo lo mismo) Involucrar intereses determinantes (Ejemplo: Si a veces te preguntas por qué sientes que trabajas hace años y te encuentras en el mismo punto financiero, esta conferencia es para ti) Mostrar sutilmente la promesa básica (Ejemplo: Si aplicas las claves que voy a brindarte, en tres meses empezarás a sentirte más saludable, tu peso estará más armónico y tú estarás mucho más a gusto con tu cuerpo)
- Termina tu intervención, contundentemente: El auditorio debe sentir que terminaste, que los llevaste al clímax del discurso, es decir que no quedó faltando nada para la total satisfacción. Para terminar un discurso se sugiere: Resumir o concluir los puntos básicos (Ejemplo: En síntesis: Primero, Perdona, perdónate y ponte en paz con tu pasado. Segundo: Diagnostica cómo estás en este momento de tu vida en todas tus áreas fundamentales. Tercero: Elige lo que quieres. Cuarto: Determina el plan. Quinto: Actúa. Haz lo que amas y hazlo con pasión. Si sigues esta ruta, será inevitable llegar a dónde anhelas.) Abrir espacio a preguntas (Si el tema es muy técnico se sugiere asegurarte de que no queden dudas ni malas interpretaciones) Con invitación a acciones (Ejemplo: Con esto ya tienes el conocimiento, ahora solo falta que lo lleves a acciones concretas para que hagas que las cosas sucedan. Te invito a hacerlo, ahora.) Con una cita famosa (Ejemplo: porque como dijo Facundo Cabral: La felicidad no solo es un derecho, sino un deber, porque si no eres feliz vas a amargar a todo el barrio) Con agradecimiento sobrio y sincero (Ejemplo: Agradezco este espacio en el que disfruté de su compañía, me llevo su buena vibra, sus risas y sus excelentes aportes) Haciendo un paralelo con el inicio (Ejemplo: Por eso como les dije después de saludarlos: Este puede ser un día que cambie tu vida).
- Prepara el tema: Por mucha confianza que te tengas, debes prepararte. Esto no significa en absoluto aprenderse el discurso de memoria. Lo que recomendamos es diseñar una estructura para un tiempo determinado de discurso y, sobre ella, leer distintos autores, investigar, meditar, escribir borradores, en fin, el auditorio sabrá cuando estás improvisando y se sentirá ofendido por ello. Dominar el tema que estás tratando te dará seguridad y generará credibilidad en quienes te escuchan. Sin embargo, aunque tengas algo bien montado, sé flexible; a veces sentirás que necesitas hacer cambios o ajustes en el esquema pensado.
- Utiliza un lenguaje claro para el público: Si analizas las personas a las que te dirigirás, podrás elegir un lenguaje apropiado, alcanzable y comprensible para ellas, evitando así extranjerismos, tecnicismos o jergas innecesarias. En algunos casos funciona muy bien el uso de comparaciones para hacer más digerible el concepto. (Ejemplo: ¿Conocen el estadio Pascual Guerrero? Bueno, les estoy hablando de un estadio que es en tamaño como 4 veces éste.)
- Sé auténtico: Por mucho que admires a los mejores oradores que conoces, no imites a nadie. Sé tú mismo, obviamente aprendiendo de los demás, pero respetando tu esencia.
- Cuida tu imagen personal: Tu vestuario, tu piel, tu dentadura, tu peso y en general todo ese conjunto de características que constituyen tu imagen, son de cuidado. Tiene razón el que inventó esa frase de “Todo entra por los ojos”. Es también un tema de coherencia. Si vas a hablar de éxito, debes reflejarlo. Si tu tema es nutrición, debes tener un peso adecuado, si vas a hablar de cuidado dental, debe ser un goce verte sonreír, en fin, que tu cuerpo y tu imagen hablen, tan claramente como tus palabras.
- Aprende a manejar tu voz: La relajación, la resonancia, la respiración, la proyección de la voz, la dicción, la pronunciación, las tonalidades, el ritmo de la palabra, entre otros, son aspectos claves que puedes trabajar con un coach personalizado o en entrenamientos grupales.
- Aprende sobre los recursos de apoyo en el auditorio: Elige la distribución adecuada del espacio, revisa las luces, los audiovisuales, en fin, conoce dónde y con qué recursos vas a hacer tu intervención. Cosas tan sencillas como tomar un marcador para escribir y darte cuenta que no tiene tinta, son aspectos que enfrían el discurso y dan muestra de improvisación.
- Practica, practica, practica: En mis entrenamientos siempre digo que la mejor técnica es la “cancha”. Cada vez que asumas un riesgo, obtendrás experiencia que ayudará a vencer temores y a demostrarte que es posible. Haz que sea familiar el maravilloso arte de hablar en público.
Recuerda: Lo que sabes no produce impacto si no sabes comunicarlo. ¡Atrévete!





