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Observad en los aeropueros a los viajeros:

El viajero está aferrado a su tiquete de viaje, y los familiares con nostalgia esperan para despedirse. El piloto del avión hace un llamado, y el viajero aprieta el tiquete de viaje y busca la puerta. Mas los familiares… tristes le miran. Y el viajero se devuelve y les abraza.

Y el piloto hace otro llamado, a una sala de embargue. Y el viajero suelta el abrazo y se dispone a partir. Mas uno de aquellos llora… y el viajero sonríe y se devuelve y le abraza. Y el piloto llama a abordar la nave, y el viajero aprieta su tiquete y corre a la puerta. Mas alguien que le despide grita… y el viajero se devuelve y le abraza. Mas de pronto el piloto dice: último llamado. Y el viajero suelta el abrazo y dice… «¡chao!». Y si el viajero se demoró en la despedida, correrá por el pasillo, para que no lo deje la nave… mas partirá. Porque el piloto le ha dicho: «último llamado».

Y quizá en la carrera, el viajero oiga un grito… mas desde la carrera, el viajero bendecirá y dirá: «Yo volveré… yo volveré. Mas ahora tengo que partir, el piloto dijo, último llamado».

Imagínate, cuando el llamado lo hace el Padre. No se separa el Maestro, de que haya viajeros que se queden del vuelo. Mas eso es sólo aparente… no era el momento de viajar.

El dolor de los familiares cercanos, sólo… dificulta un poco, el desprendimiento, mas no lo interrumpe. Todo el tiempo que permanezca un alma en un cuerpo, es necesario. Y sí puede ser más pacífico y más fácil, si todos se sintonizan con la eternidad certera y no con la materia pasajera y vana.

Se hace más fácil la despedida. Se hace más suave el caminar hacia la nave, y no correr en estrés. Se hace más suave la despedida con un beso, y no con un grito desgarrado. Mas ¡nadie!… ¡nadie puede cambiar el llamado de Dios! Sólo Dios lo cambia, cuando es necesario… y cuando el alma pide otra oportunidad, y el Padre considera que es importante

Mas el Padre no tiene el ego como indicador. ¡Confiad.. confiad!

Cuando el Padre llame… al Padre acudirás. Y puede ser más fácil, sí. Mostradles la eternidad… mas dejad que sean ellos, los que la miren.

No se están adicionando dolorosamente páginas al libro, todo habrá de suceder en su momento.

La angustia que percibes, es una moneda con dos caras… en una cara está la necesidad de esa alma de alistarse para partir a su hogar. Hay un pasado que se pierde y se necesita completar para el avance. El alma no sufre. Los otros… consanguíneos terrenos también necesitan cada instante de dolor… hasta la paz.

La otra cara de la moneda, muestra tus propias inseguridades frente a lo que ves, que no es real. Todo está bien. Mi voz permanentemente le susurra al oído y miles de ángeles acompañan su proceso. No hay razón para aflicciones.

Cuando aparezca la aflicción, comienza a hurgar, hasta que encuentres nuevamente la fe, y abandónate a ella, con la paz que ella da.

No hay nada, nada que temer. Cada quien está aprendiendo lo necesario.

Mi espíritu sonríe y brilla y os repite: ¡que no hay nada, nada… nada de que afligirse!

No existen máquinas, ni ciencias, ni dolores, ni egos más grandes que Dios.

Cuando Dios llama a uno de sus hijos, no hay nada que resista al llamado, y acudir a el, los dos o tres primeros planos, puede ser fácil o difícil, dependiendo del apoyo de quienes no quieren soltar. Pero el que sea fácil o difícil, no quiere decir que no sea.

El ego del hombre, no altera el llamado de Dios. Todo tiene su momento.

No hay nada que se interponga al llamado de Dios. Sólo se modifica el llamado, si lo modifica el mismo Dios que lo hace. Mi espíritu sonríe libre y en paz.

Asi como se ha repetido, asi lo he dicho, y así lo ha dicho mi Padre, que es vuestro Padre.

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