Aquellos que vinieron a sembrar la paz

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En una población había un grupo de personas en soberbia. Muchos deseos de guerra tenían. Alguien desde un lugar muy elevado envió a sus hijos y les dijo:

-Hijos míos id y sembrad la paz.

Unos de ellos buscaron las armas. Encontraron lanzas, encontraron piedras, encontraron armas, encontraron cañones, azotes, cuchillos, puñales. Encontraron todo lo perfecto para combatir la guerra.

Otro grupo empezó a escribir sobre la paz. Libros, tratados, normas. Hermosos cuentos sobre la paz. Y se apilaron libros sobre libros que hablaban de la paz.

Otro grupo no quiso escribir, quiso mejor hablar sobre la paz. Y a gritos pronunciaba los más hermosos discursos de paz.

El cuarto grupo no compartió nada de los otros tres, y sentados se quedaron criticando y juzgando los tres grupos. ¡Qué equivocados estaban en la siembra de paz!

Dura muy dura fue la guerra en la población.

Cuando el grupo que estaba armado enfrentó a aquellos que querían la discordia, la guerra aún no había empezado, porque para que se produzca la guerra, aquel que quiere pelea necesita encontrar con quien pelear. Y ese grupo armado, fue entonces el enemigo perfecto, el contrincante preciso para que se formara la guerra. ¡Y tanta y tanta sangre rodó! Y cuando rueda la sangre por la madre tierra, ¡no se sabe de cual de los bandos es! Pues el Padre desde las alturas mira que es sangre derramada por sus hijos, y que ese derramar de sangre ha sido causado por ellos mismos.

Los otros que escribieron sobre la paz, tampoco lograron nada con la guerra, pues hermosos eran los libros, mas la letra… muerta, no crea la paz.

Otros hablaban de paz, mas en sus discursos se inspiraban, atacando a aquellos que estaban en guerra.

Y otros se dedicaron al juicio…Y nadie, nadie, ¡nadie! puso paz en aquella población.

Mis bienamados hijos, de un sólo Dios, mis amados hermanos venidos de un mismo Padre… ¡practicad la paz!. Sencillo es, ¡practicad la paz!… en las calles, en los caminos, en vuestra casa, en vuestros trabajos… ¡Practicad la paz!

Todos los juicios… son fuego en vuestros corazones.

Todas las críticas… son fuego en vuestras almas.

Mis bienamados…¡Ya está clara la paz!…¡Practicad la paz!… ¡Practicad la paz!.

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